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“De emprendedor a empresario: porque sólo las buenas intenciones, no cambian el mundo.”

Actualizado: 28 de ago de 2018

Como emprendedores sociales, determinar qué es lo que nos mueve es inspirador; Mejores oportunidades para lo jóvenes, para las madres solteras desempleadas, mejores servicios de salud para la población más vulnerable, educación de calidad, sostenibilidad ambiental y protección del medio ambiente, hogares de calidad y bajo costo para las personas que lo necesitan, un México más innovador, más saludable, más limpio y más seguro. En resumen un México mejor.


Y es éste ardiente deseo el que enciende la chispa de arranque en el motor del emprendedor, un torrente de energía que inunda cada partícula de su ser, que hace que su realidad se transforme súbitamente ante sus ojos, nos hace invencibles, todo parece ser ahora alcanzable, incluso las metas más ambiciosas. Es en estos momentos en que el emprendedor encuentra en sí mismo más parecido con Steve Jobs, Elon Musk, Bill Gates o Barack Obama que incluso con sus propios familiares. Es como pertenecer una raza humana diferente, especial y… sin límites.


Ésta es la motivación que nos acompaña durante los primeros meses e incluso años de nuestro emprendimiento social, a pesar de los retos y duros obstáculos, todo parece un recorrido utópico y perfecto, el éxito es tangible y alcanzable, no tenemos duda.

Encontrar la ayuda necesaria no es tan complicado, nuestro entorno está repleto de jóvenes entusiastas que comparten nuestro deseo de cambio en el mundo, aceptan gustosos subirse a nuestro barco, incluso sin esperar nada a cambio, el espíritu del voluntario en su máximo esplendor, motivado por el amor a los demás, las ganas de hacer la diferencia, y por supuesto, (aunque cueste mucho reconocerlo) alimento para nuestro ego humano.


En esta etapa el emprendedor se ve bombardeado por nuevos motivadores, ya que, si bien en un principio a las personas a su alrededor les parecía difícil creer en ellos, ahora con las primeras señales de logro, el mundo entero parece aplaudirle. Sus familiares, sus amigos, sus escuelas, un premio por aquí, un reconocimiento por allá, entrevistas, artículos, menciones en los medios… el éxito parece estar llegando por todos lados. Todos saben quien eres y a qué te dedicas, y el emprendedor se percibe así mismo como un faro luminoso con la capacidad de guiar a otros hacia el mundo ideal que con tanto esmero ha estado planificando y por lo cual ha trabajado tanto.

Y es en este momento, el nacimiento de la segunda etapa,cuando la fantasía llega a su final, en la cual si no estamos preparados, todo tiene su fin. Es bien sabido que el 90% de los emprendimientos no tienen éxito, y en cuanto al porcentaje de emprendimientos sociales, lo números son más abrumadores.

El barco que parecía ir viento en popa, de pronto se ve encallado trágicamente en un arrecife. ¿A qué se debe? A la realidad que todos como emprendedores debemos afrontar: Lo que marca la diferencia no son los sueños, sino los RESULTADOS.

Y para ello, debemos pasar de emprendedores novatos, a auténticos empresarios.

Ésta etapa de madurez en el proceso de conformación de una empresa social, puede vivirse de la siguiente manera: Te encuentras muy lejos de estar donde lo imaginaste al comenzar, sientes que el proyecto está estancado y no logras avanzar, tu círculo de mejores colaboradores de pronto se disipa, aquellos jóvenes energéticos y entusiastas con los que imaginaste llegar hasta el final del proyecto de pronto se retiran y toman otros caminos, ¿por qué? ¡porque han madurado! Llega ese momento crítico en toda empresa social en que las fotos, los reconocimientos y la aprobación social dejan de ser suficientes, pues surgen otras necesidades mucho más latentes: ¿Cómo ganarse la vida? Y la cruda realidad es que la gran mayoría de los emprendedores en esta etapa no VIVEN de su emprendimiento social. Sí, afrontémoslo, además del hermoso y perfecto plan de negocios que diseñaste y que estábas seguro(a) te haría millonario(a), de pronto miras al pasado y te das cuenta de que esas ganancias no aparecen por ninguna parte.

En muchos de los casos, el emprendedor debe obtener sus ingresos de una fuente de trabajo externa, un empleo formal, un negocio familiar, como freelance en su profesión o cualquier otro medio que les permita seguir a flote mientras interminablemente continúan invirtiendo todo lo que ganan ( o al menos “casi todo” pues también hay que comer). Y aquellos fieles colaboradores que en un inicio de mantenían firmes pues creían en el ideal, ahora se ven en la necesidad de retirarse a hacer otra cosa pues necesitan indudablemente hacer algo con su vida, algo de lo que puedan vivir. Cómo un buen amigo solía decir: “Es fácil ser emprendedor cuando aún vives en casa de tus padres”. ¡Auch! Nada tan cierto como eso.


“Es fácil ser emprendedor cuando aún vives en casa de tus padres”.

Entonces, ¿Cómo podemos pasar de la infancia a la madurez en nuestro emprendimiento social? La solución viene implícita en la pregunta, la respuesta es “MADURANDO”.


Madurar en el emprendimiento social es comprender que los sueños y las buenas intenciones no son todo, que las distinciones que recibiste en preparatoria o universidad no son una garantía de viabilidad en tu proyecto, pues al pasar a probarse en la vida real, las cosas son mucho más difíciles y desafiantes: Cuestiones legales, impuestos, gastos fijos, contratos, nóminas, y seguro social para tus trabajadores… si lo escuchaste bien, TRABAJADORES. Si bien como emprendedores nos encanta la idea de la libertad, y el que todas las personas deben ser sus propios jefes, y nos asquea la idea de pensar en la estructura de una empresa “tradicional” la realidad es que son estas estructuras aburridas, las que mantienen a las verdaderas empresas. Empresas que generan millones, y que dan trabajo a cientos o miles de personas. Inclusive son la estructura que mantienen a las empresas más innovadoras; Google por ejemplo.


Es momento de madurar y reconocer que la capacidad de improvisación del emprendedor y el ir de día en día no formarán una base sólida a futuro. Necesitamos crear manuales de procesos y sistemas. Nuestra empresa debe aprender a trabajar sin nosotros con la exactitud de un reloj suizo. Horarios, listas de trabajo, formatos, calendarios. Toda la formalidad que a muchos de nosotros nos mantuvo alejados de trabajar en una empresa tradicional, es la misma formalidad que debemos adoptar para que otros se mantengan en nuestro barco. Comprender que si nuestra empresa social somos sólo nosotros, sin duda no llegaremos muy lejos, nuestra esencia, conocimiento, experiencia, ideas, valores, misión y nuestra visión deben dejar de existir sólo en nuestra cabeza para materializarse en un auténtico sistema empresarial hecho y derecho, para entrar de una vez por todas en las grandes ligas. Bienvenido al club de los verdaderos empresarios.


SOMOS LO QUE MEDIMOS


Una publicación en Instagram puede decir que estamos cambiando el mundo, y una fotografía grupal de personas sonrientes parecería confirmarlo. Pero en el frío mundo de la realidad, intención no es igual a resultados.

Hemos escuchado durante años la expresión “todos ponemos nuestro granito de arena”, o “las pequeñas acciones hacen la diferencia”. Pero vamos, somos emprendedores nosotros no ponemos granitos de arena, ¡PONEMOS UNA CONDENADA PLAYA COMPLETA!

Así que esa es la misma fuerza que debe materializar todo lo que en tu mente y corazón ha estado preparándose durante tanto tiempo.

¿Quieres construir viviendas ecológicas? una de ellas, dos o tres no marcan la diferencia, y para ello vas a construir UN MILLÓN. ¿Brindar oportunidades laborales a madres solteras en colonias marginadas?, 10 o 20 no son suficientes, has que sean cientos de ellas. ¿Aprovechamiento de residuos urbanos para disminuir su impacto ambiental negativo?, México necesita sacar miles de toneladas, no unos cuantos kilos.

Hablamos de cambiar México, pero nuestras humildes organizaciones apenas pueden hacer algo a micro-escala. Y la solución a esto parecería evidente en la siguiente afirmación, que muy probablemente ha transitado por la cabeza de cada emprendedor social: Si tan solo tuviera los recursos que tiene Carlos Slim, si tan solo tuviera el capital de The Coca-Cola Company, o la capacidad de Google, entonces cambiaría el mundo! Exacto así es, pero despierta, no los tienes. Así que es momento de pasar de emprendedores novatos soñadores, para renacer de las cenizas cual ave fénix, como auténticos y verdaderos empresarios, con la capacidad de crear empresas tan grandes, que harán que todos nuestros sueños se conviertan en realidad y convertir así nuestro país, al México que todos queremos y por el que luchamos incansablemente.


Kevin Ottmar Estrada I. Presidente SMES Capítulo SLP

+52 444 125 2672

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