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Hablar de impacto social es hablar de medio ambiente

Constantemente, he visto que algunos emprendedores sociales no se asumen como tal porque se identifican con emprendedores ambientales. Siempre respondo lo mismo -no se puede hablar de emprendimiento social si no se habla de responsabilidad ambiental, de sustentabilidad y/o de cuidado al medio ambiente.



Todavía hoy, los procesos que llevamos para producir, comprar u obtener cualquier bien o servicio implican una cadena lineal; es decir, que estos procesos no cierran el ciclo de regeneración -que sí es intrínseco a la naturaleza- y dejan la cadena abierta a la hora de trabajar / manejar / usar los desperdicios.


Este modo atropellado de no considerar todos los procesos de la cadena de valor, sería algo impensable y prohibido en la industria -de cualquier tipo- y entonces... ¿por qué no lo vemos igual en las prácticas para con el medioambiente. Haber roto este ciclo perfecto de siembra-cosecha-usa-reusa-desecha-recicla-siembra nos ha llevado a tener el mundo entero lleno de basura y prácticas auto-destructivas.


Y sigue sin ser alarmante.


Si el emprendimiento social tiene que ver con diferentes formas de susentabilidad (social, ambiental y económica por decir los tres puntos más básicos), entonces separar el emprendimiento ambiental del emprendimiento social es poco práctico. Es una suma de causas, es una forma de agrupar propósitos, es sumar para llegar más lejos.


Todo emprendedor social, se asume como defensor ambiental, porque la causa por la que nos comprometemos nos lleva a honrar otras causas, a ser mejores humanos, a ser profesionistas al servicio de la comunidad, a ser congruentes con todas las formas de vida y a llevar este mensaje muy lejos a través de nuestro ejemplo.


Por simple naturaleza, no existe un emprendedor social que no sea un devoto trabajador en cuidado, protección y regeneración del medio ambiente.


Leí esta mañana una publicación que hacía un llamado a hacer frente a las masacres medioambientales, y es muy inspirador ver el surgimiento de una colectividad consciente y comprometida. Nos falta más orden, nos falta asumirnos guardianes reales de la causa y transformar estas intenciones en un trabajo constante y con una meta ambiciosa, nos fallta transformar ese coraje en emprendimientos ambientales.



Hay ya muchas pequeñas acciones que cada persona podemos hacer para cuidar del medio ambiente, pero la suma de acciones individuales y pequeñas no hace frente a una batalla que debe ser épica para que sea exitosa. No se puede hablar de emprendimiento social si no se habla de medioambiente, no se puede hablar de humanidad si no se habla de medioambiente.


Tan sencillo como esto: no se puede hablar de impacto social sin hablar de medio ambiente. No se puede transformar la realidad social, si no se cuida de los recursos en donde se basa la vida misma. Es imposible hablar de desarrollo y prosperidad si no hay un mundo para vivir, si acabamos con todas las fuentes de vida y naturaleza para producir una vida plastificada. Y así vemos que es fácil de asimilarlo, no importa cuánto trabajemos, qué tan bien lo hagamos y qué tan ambiciosos seamos en el emprendimiento social, si no hay sustentabilidad ambiental, no habrá nada.


Así como todo emprendedor social ama el problema -para llegar al desenlace-, también se suma a las causas que hablan de dar y regresar la vida a este planeta en donde ya estamos sembrando el cambio que queremos ver.

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