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La caducidad de los sueños

Muchas de las metas que nos planteamos de manera regular, se basaron primero en sueños e ideas locas. De esas ideas que, por cada mil, dos son una meta real, tangible, ejecutable. Los sueños son, básicamente, un semillero de retos que pdemos llevar a la vida real. Toma solamente una buena racha de voluntad, contexto y buen "timing" (o sea, como dicen por ahí "el momento correcto, el sueño correcto, el lugar correcto").




Esa es una de las características más fascinantes de los sueños, son una dosis de magia para el día a día, y lo que es mejor, sirven para darle forma a nuestra misión. Como emprendedora social, como persona que intenta llevar una empresa social y una vida congruente con el emprendimiento social, los sueños me han dado la posibilidad de reinventarme o de reinventar la realidad que estoy construyendo.


Y fue entonces que, haciendo un ejercicio personal para ver hacia dónde estoy yendo, que pensé en hacia dónde quería ir hace unos 4 o 5 años. Descubrí que, en esencia, me gusta el rumbo que he tomado - me gusta lo que he hecho, lo que he logrado ... incluso cómo he aprendido de los fracasos y lo que puedo ir mejorando de mis fallas. Pero también me di cuenta de que no estoy en donde soñé. No estoy con las personas que me imaginé, ni en la ciudad que pensaba, ni siquiera tengo el estilo de vestir que soñaba.


También vi que el sueño que tenía, sinceramente, ya no me interesa. Pensé entonces en todas esas veces que aquellos sueños caducos me inspiraron y me motivaron a lograr lo que hoy se ve como los escalones que me trajeron aquí. Y sin hablar del "rumbo" porque no quisiera decir que a veces perdemos el rumbo soñando (nota: pienso que siempre vamos a donde nos corresponde), sí me gustaría dejar esta entrada como una dedicatoria especial a mis sueños caducados, porque gracias a ellos, sueño lo que sueño hoy.


Esto me hace pensar en otro punto relacionado a los sueños y su caducidad. Es el tema del milenio, el tema de nuestra generación, la idea millonaria de Marie Kondo... Dejar ir -con gratitud. a los sueños, como a tantas otras cosas de esta vida, hay que amarlos, honrarlos, y saberles decir adiós.


A los sueños, como a tantas otras cosas de esta vida, hay que amarlos, honrarlos, y saberles decir adiós.

¿Cómo sabrías tú, que es hora de dejar ir un sueño? Creo que hay varios momentos en los que "llega la hora". El primero será, cuando hayas evolucionado a una nueva versión de ti mismo, a la que le queden chicos los zapatos. Otro momento será, cuando tu contexto deje ver que ese sueño no te aplica más. Quizás un tercer momento sea, cuando se rompa la idealización de un sueño, y veamos que... no lo queríamos tanto.


En todo caso, creo que, cuando un sueño caduca, también se va con una parte de nosotros que no regresa, pero que nos deja ir libres a imaginar nuevos caminos.... la caducidad de un sueño, le da vida a nuevas metas, y hasta siento que cuando un sueño caduca, nacen mil posibilidades nuevas.


A ti, ¿qué sueño caducado te ha traído a donde estás?





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