Receta de emprendimiento.



Siempre viajar es crecer, es conocerte, es asombrarte, creo que viajar es siempre transformarte. Pero viajar para trabajar es una experiencia fuera de serie que yo quisiera comparar con cocinar. A raíz de una charla con un amigo de la universidad, encontré algunas ideas nuevas sobre emprender. Después de 5 años en este camino, tengo nuevas perspectivas. Una de ellas es que emprender es como cocinar.


La comparación puede parecer burda, quizás, pero a mi me ha hecho mucho sentido, sobre todo porque después de casi una década de ver proyectos que nacen, que perduran, que mutan e incluso mueren, he aprendido que la misma receta le queda diferente a cada cocinero. Y lo mismo pasa con emprender.


Incluso si todas las personas que queremos emprender, empezamos en las mismas condiciones, con una buena red de oportunidades y recibiendo el apoyo de amigos y familiares, todos terminaríamos con proyectos diferentes: siguiendo la misma receta, usando los mismos ingredientes, siempre tendremos platos distintos.


Y en mi experiencia personal se debe a que hay dos procesos inherentes al emprendimiento que marcan el éxito y la permanencia de una propuesta empresarial: la madurez. No me refiero a la madurez como una edad, o como una madurez sentimental como características asiladas y personales, me refiero a la madurez de la persona como emprendedor. Esta madurez que te vuelve resiliente, persistente, crítico, precavido y creativo, además de arriesgado y confiado. Madurar como emprendedor es saber tomar riesgos, decisiones, derrotas y oportunidades sin sentirte sofocado. Ser un emprendedor maduro es poder conocerte y entender tu entorno empresarial para concretar metas, planes y dejar ir proyectos.


Y me parece que eso es lo más asombroso que he aprendido; cuando eres un emprendedor maduro, aprendes a dejar ir.

Comprendes que hay sueños hermosos que inspiran y llenan de magia, pero que no son rentables –o que no tienen mercado, o que no se aterrizan favorablemente, o mil otras formas en las que un sueño no se puede traducir a negocio- y que, por eso, hay que dejarlos ir; y esta actitud es una de las características más sorprendentes de los emprendedores maduros.


A través de los años, proyectos y equipos majestuosos se derrumbaron por no haber dejado ir ideas primorosas a tiempo, porque amamos tanto lo que hacemos que no queremos aceptar que no pegó. Porque al final emprender es un ejercicio a largo plazo que se confirma de los avances de cada día. Una semana puede ser decisiva para la vida de un emprendimiento. Entonces, al mismo tiempo que vamos amando nuestros proyectos cada día más, tenemos que ser valientes y matar los proyectos que van perdiendo vida. Como un pastel hermoso que quedó crudo, o una parrillada perfecta con carne caducada, como un platillo de revista que o sabe bueno, lo más difícil es renunciar a lo que es hermoso y no tiene futuro.


Y una vez que el emprendedor es maduro, existe una condición que debe cumplirse: el emprendimiento debe madurar. A veces estos procesos van sucediendo al mismo tiempo, a veces primero madura el emprendedor. A veces madura primero el emprendimiento – y eso es casi una sentencia de muerte. Y ¿a qué me refiero con un proyecto –emprendimiento-maduro? Es un reposo que toma tiempo, y la propuesta del negocio se va nutriendo del mercado, los clientes, los errores, las pruebas, y de la madurez del emprendedor.


Yo diría que no solo toma todas las herramientas de emprendimiento que ya conocemos, que no solo es tener una buena oportunidad; yo diría que al final, tener éxito en el emprendimiento tiene que ver con que esta es una receta de muy lenta cocción, y que solo con pasión se puede uno dar el tiempo de disfrutar este proceso y madurar.


Si la receta para emprender viniera en un libro de cocina diría algo así:


Emprender: receta para a partir de una persona.




Ingredientes

Huevos al gusto

Resiliencia

Creatividad

Café (muy cargado)


Procedimiento:

I. Vaya probando mientras va avanzando.

II. No deje de innovar.


III. No subestime al mercado, menos al cliente.

IV. Tenga paciencia.

V. Si no tiene todos los ingredientes: improvise.


Tiempo de cocción: de 3 a 5 años.

Rinde para toda una vida.

Si no puede vivir de ahí, deje ir la idea y repita los procedimientos.

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